Completos en Cristo?
¿Qué temperamento eres tú... y qué está haciendo Dios con él?
"...el interior no obstante se renueva de día en día."
— 2 Corintios 4:16-18
Pablo no escribe eso desde la comodidad. Lo escribe con el cuerpo gastado, la espalda marcada por azotes y el futuro incierto. Y aun así dice: el interior se renueva. Cada día.
Tim LaHaye, en Temperamentos controlados por el Espíritu, parte de una observación simple: no todos procesamos el sufrimiento igual. No es solo carácter o fe. Es temperamento. Naciste con uno. Tiene fortalezas reales y debilidades reales. Y el Espíritu Santo trabaja con ambas.
Los cuatro temperamentos en la prueba
LaHaye usa figuras bíblicas como espejos, no como ejemplos perfectos.
Pedro — El Sanguíneo
Impulsivo, entusiasta, afectivo. Pedro entra al agua cuando ve a Jesús. También hunde cuando aparta los ojos.
En la prueba, el sanguíneo necesita gente, movimiento, salidas. El riesgo: busca alivio rápido al dolor en vez de dejar que el proceso haga su trabajo. "Lleva tiempo llegar a estar completos" es quizá la frase que más le cuesta. Lo que el Espíritu trabaja en él: aprender a quedarse. A confiar cuando no hay audiencia.
Pablo — El Colérico
Enfocado, determinante, visionario. Pablo reorganiza su teología completa desde la cárcel y escribe cartas que siguen cambiando vidas.
En la prueba, el colérico no desmaya fácil. El problema es que quiere resolver lo que Dios le está pidiendo que soportar. Tiende a tomar el control justo cuando Dios dice: suelta. Lo que el Espíritu trabaja en él: rendirle todo. No solo los planes, también los tiempos.
Moisés — El Melancólico
Profundo, perfeccionista, sensible. Moisés escucha a Dios en la zarza ardiente y su primera respuesta es: "¿Y quién soy yo?"
En la prueba, el melancólico siente el peso de la eternidad con más intensidad que nadie. La pregunta "¿qué está haciendo el Señor?" puede volverse un laberinto. Lo que el Espíritu trabaja en él: fijar los ojos en lo invisible sin que eso se convierta en angustia. Descansar en que Dios tiene el plan aunque no lo vea completo.
Abraham — El Flemático
Paciente, estable, reservado. Abraham espera 25 años la promesa sin perder la fe, aunque a veces toma atajos.
En la prueba, el flemático aguanta más que ninguno. Pero aguantar no siempre es lo mismo que crecer. Puede volverse pasivo cuando Dios lo está llamando a moverse. Lo que el Espíritu trabaja en él: distinguir entre la paz genuina del Espíritu y la comodidad del que prefiere no confrontar nada.
Lo que tienen en común los cuatro
Ninguno llega a estar completo por sí solo. Pedro sin el Espíritu se hunde. Pablo sin el Espíritu controla. Moisés sin el Espíritu se paraliza. Abraham sin el Espíritu improvisa.
El proceso es el mismo para los cuatro: rendirse. No al azar, no a las circunstancias. Al Señor que es el piloto. El que está poniendo las cosas en su orden correcto: el espíritu primero, el alma en segundo, el mundo físico en tercero.
La prueba no te destruye. Te define.
Lo que está sucediendo dentro de ti tiene un potencial que lo externo no tiene: puede perdurar. El cuerpo cede; el temperamento rendido al Espíritu se fortalece.
En la eternidad seremos los trofeos de Su gracia. No de lo que logramos por nuestra cuenta, sino de lo que Él hizo en nosotros cuando le dijimos: hazlo tú.
¡Y entonces es cuando realmente comenzamos a vivir!
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