El arrepentimiento
Parte 1: ¿Qué es y por qué lo necesitamos?
¿Qué significa arrepentirse?
La palabra griega para arrepentimiento es metanoia, que significa literalmente "un cambio de mente". Ocurre cuando escuchamos la Palabra de Dios y el Espíritu Santo toca nuestro corazón. Es mucho más que dejar de pecar: es un giro total de vida y de dirección, el comienzo de una persona nueva.
Sentirnos angustiados por nuestro pecado puede llevarnos al arrepentimiento. Pero hay que distinguir: uno puede sentirse mal por haber sido sorprendido en falta y, aun así, nunca arrepentirse del pecado en sí.
"Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte."
— 2 Corintios 7:9-10
El arrepentimiento se ve en la conducta
El verdadero arrepentimiento produce un cambio de conducta, y ese cambio se demuestra con hechos, incluida la restitución: corregir lo que hicimos mal. Zaqueo es el ejemplo:
"…Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; …"
— Lucas 19:8-9
Lo de Zaqueo fue evidencia de un cambio profundo de mente y de corazón. Eso es arrepentirse: una transformación interior que se refleja en la manera de vivir.
La necesidad del arrepentimiento
Para entender por qué todos necesitamos arrepentirnos, hay que volver al principio.
"Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó." — Génesis 1:27
"Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera." — Génesis 1:31
Dios creó al ser humano perfecto, lo puso en el huerto de Edén y le dio dominio sobre lo creado (Génesis 1:28). Pero también le puso un límite:
"Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás."
— Génesis 2:15-17
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