Los obstáculos para el quebrantamiento (Primera parte): cuando lo bueno se convierte en estorbo
Hay una idea que solemos dar por hecho: que ser cristiano se mide por lo que hacemos. Vamos a la iglesia, oramos, leemos la Biblia, evitamos ciertas conductas... y con eso construimos una lista mental de "evidencias" de fe. Pero la vida cristiana no nace de una lista de conducta. Nace de una relación viva con Cristo, y es Él —no nuestro esfuerzo— quien nos transforma desde adentro.
Ese proceso de transformación tiene un nombre incómodo: quebrantamiento. Y antes de poder recibir lo que Dios quiere hacer a través de él, conviene identificar los obstáculos que nos impiden siquiera reconocerlo como parte de Su plan.
Un poco de raíz: ¿qué significa "quebrantar"?
En el Antiguo Testamento, la idea de "quebrantar" se conecta con el verbo hebreo shabar (שָׁבַר), que literalmente significa romper o hacer pedazos. No es un concepto abstracto: es la imagen de algo entero que se rompe para que Dios pueda rehacerlo.
El salmista lo capta con precisión:
"Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios." (Salmos 51:17)
Obstáculo 1: la autosuficiencia
El primer obstáculo no es la rebeldía abierta, sino algo más sutil: creer que podemos cambiarnos a nosotros mismos espiritualmente. Tratamos de ajustar nuestra conducta con fuerza de voluntad, y tarde o temprano llegamos a la misma pared: *no puedo hacerlo por mí mismo*.
Ser cristiano no es una cuestión de hacer; es una cuestión de tener una relación vital con Cristo. Él es quien nos transforma a Su imagen — nosotros somos el barro, Él es el Alfarero (una imagen que remite directamente a Jeremías 18:1-6, donde el profeta observa al alfarero rehacer la vasija que se había deformado en sus manos).
La autosuficiencia, entonces, no es solo orgullo: es un malentendido sobre quién hace el trabajo.
Obstáculo 2: los talentos y los dones
Aquí está la parte más contraintuitiva del estudio: mientras más dotados somos, más difícil se vuelve el proceso de quebrantamiento.
El problema no es tener dones — es descansar y apoyarnos en ellos. Cuando confiamos en nuestras propias capacidades naturales, nos perdemos las muchas formas en que Dios quiere enriquecerlas con Su presencia. Nos aferramos a las riendas de nuestra vida precisamente porque creemos que tenemos mucho que perder, y hacemos lo que sea necesario para asegurar lo que ya tenemos.
La ironía es que nunca podemos perder aquello que ya hemos rendido totalmente a Dios.
Pablo llega a una conclusión parecida cuando enumera todo su currículum religioso y humano en Filipenses 3:4-9, y lo describe como basura comparado con conocer a Cristo. No porque sus logros fueran malos, sino porque se habían convertido en un lugar de confianza equivocado.
El obstáculo raíz: confiar en el lugar equivocado
Todo esto converge en una sola pregunta: ¿en qué está puesta realmente nuestra confianza?
El propósito de Dios es que confiemos en Él por completo. Pero mientras esa confianza descanse en cualquier otra cosa —consciente o inconscientemente—, esa cosa se convierte en un obstáculo, una piedra de tropiezo. El estudio identifica varios lugares comunes donde solemos depositar esa confianza:
- En nosotros mismos — esa "independencia orgullosa" con la que nacemos, dispuestos a entregarle a Dios el 95% de nuestra vida, pero reservándonos un área como propia.
- En la riqueza — el dinero y los logros materiales como garantía de seguridad.
- En la imagen o apariencia — la idea de que el éxito visible nos abrirá camino.
- En los logros y la reputación — dormir sobre los propios laureles, confiando en la actuación pasada en lugar de confiar en la providencia de Dios para el presente y el futuro.
Hay un eco aquí de lo que Pablo describe en 2 Corintios 12:9-10, donde Dios le responde directamente: "Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad." La debilidad reconocida —el quebrantamiento— no es el fin del camino: es el espacio donde el poder de Dios finalmente tiene lugar para obrar sin competencia.
Para reflexionar
1. ¿Qué área de tu vida sigues gobernando con el letrero invisible de "Dios, mantente alejado"?
2. ¿Estás confiando actualmente en un talento, un logro pasado o una imagen que has construido, más que en la providencia de Dios para hoy?
3. Si Dios te pidiera rendir esa última área reservada, ¿qué te está costando decir "Tú sabes algo acerca de esto que yo no sé; me rindo a ti"?
Este es el primer estudio de la serie sobre los obstáculos para el quebrantamiento. En la segunda parte veremos qué obstáculos adicionales nos impiden entrar en este proceso, y cómo Dios los va removiendo uno a uno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario