Marcos 1:40 dice: Vino a el un hombre leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme.
Siempre me ha llamado la atención este pasaje por dos cosas. La primera es por la actitud del leproso; y la segunda es por la respuesta de Jesucristo.
El hombre tiene un serio problema de salud; está leproso, y con ello también tiene un problema social ya que los leprosos son gente separada de la sociedad; habitando en las afueras, no permitiendo que nadie se acerque y alimentándose de lo que la el pueblo les da. Verdaderamente tiene un problema muy grande, si consideramos la enfermedad de la lepra y los estragos que está enfermedad hace en el organismo, al cual llega a deformarlo.
Jesús está recorriendo las regiones de Galilea; ha sanado mucha gente y hechado fuera demonios, sin duda esta información llega al oído de aquel leproso y se toma el atrevimiento de venir ante Jesús, sabiendo que El tiene la solución a su problema.
Llama la atención su actitud; se presenta doblando la rodilla; Lucas dice que con el rostro en tierra; sin duda esta postura es de total humildad ante Jesús.
En las palabras del leproso podemos encontrar enseñanza para nosotros;
- Lo primero que aprendemos es que el leproso sabía que en Jesús está la solución a su problema;
- Lo segundo es la Fé que él deposita en Jesús;
- Lo tercero es lo mas impactante en su petición “si quieres puedes limpiarme” deja totalmente abierta la posibilidad a la voluntad de Jesús, y
- deducimos que el leproso estaría contento sea cual fuere la respuesta de limpiarlo o no. El milagro se da. Jesús limpia al leproso solo por su misericordia.
Nosotros caminamos en nuestra vida, llevando muchas peticiones con nosotros, estamos dispuestos a orar pidiendo al Señor respuestas a las mismas; esperamos que Dios actúe de acuerdo a lo que nosotros pensamos o queremos. Dios es Soberano. El siempre hará su voluntad; nuestra oración si bien es cierto que es válido expresar lo que queremos (puedes limpiarme; palabras del leproso) debemos siempre dejar abierta la posibilidad a la voluntad de Dios (si quieres), y sobre todo aceptarla sea cual fuere, entendiendo que es lo mejor para nuestra vida y descansar en Jesús, teniendo contentamiento.
Te invito a reflexionar. Cuantas veces en nuestra oración le hemos expresado: “SI QUIERES” creo que esa debería ser nuestra actitud ante Dios cada día. DTB
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